Tengo que decir que si algo se señala en mis horas y mis días, es la inexistente aptitud que poseo para aburrirme. Si algo se señala entre mis horas, pero dicho en negativo: como esas cosas que no vemos a fuerza de estar ahí en todo momento –de ser indispensables. Si bien ello no obsta para que conozca el sentimiento del tedio. Porque hay quien da por hecho que aburrimiento por un lado, y tedio por el otro, son asemejables hechos –o casi primo hermanos. Sin embargo, el tedio se produce también en ocasiones en que no hay aburrimiento. O en ellas de modo principal y misterioso. Como un algo que el sentido percibe tal abrazo sofocante: con el acre sudor de los barrios de ciudad desiertos en verano, o de calle mayor de pueblo en tarde de domingo. Y por eso, extraño se me hace que ningún escritor lo haya aproximado a nuestro sentido del tacto. Como un tul que nos roza con su mugre –aviso o preanuncio del brillo que se extingue, del crepúsculo gastado de las cosas.

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