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En una encrucijada -donde suelen ubicarse lugares de civilización, de culturas y poblados- la historia situó la población de Qantarat Askaba –alquería musulmana junto a un vado del Segura. Ciudad pequeña, con fortificación a casa-muro –de origen ibero en lo antiguo, y romano según lo atestiguan igualmente los vestigios. En ese lugar donde el río se vadea –donde rutas prehistóricas se cruzan, que cruzara después la Vía Augusta y también la que desde Cartago Nova conducía hasta Complutum. En sus tiempos musulmanes esta alquería asistió al nacer de la Alquibla, acequia la mayor de las que regarían la entera huerta murciana. Qantarat Askaba: con su puerta mirando hacia la Alquibla, y este puente –de Lizaja o de Ynzaja en su origen. Puentecico, por lo diminuto y lo entrañable. Que después conduciría tan sólo a pequeños huertos y bancales, cuando la población –Alcantarilla su nombre más tardío: puentecillo– se trasladara tras inundación del XVI y epidemia de la peste. Ya hace que escribí en este Blog sobre este puente, su estado de abandono. Hoy, se inicia el procedimiento para su declaración como bien cultural en la Región de Murcia –se aguarda el cuido y el decoro que sin duda el municipio le debe.

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