Etiquetas

Estimo que un daño de la democracia –corrosivo como el que más, no tengo duda- es igualar o confundir la común aptitud de hablar, y el pensamiento. Vamos, que cualquiera que habla expresa un pensamiento mensurable con otros cualesquiera –y digno de respeto, porque un alguien lo pronuncia y no es cosa de discriminar en un mundo igualitario. Siendo así que se dicen cosas en nada respetables –y como si nada hubiera acontecido en ello. Y sucediendo asimismo que el pensamiento requiere formación y ascética, generosidad y distancia, y también inteligencia. Privilegio de unas élites –acendradas en el mérito, en su labor y el esfuerzo-, que una mediocridad refractaria y ascendente expulsa sin trabajo de la escena: con igualar el valor de los discursos, la consigna vacía y repetida, y también el difusivo entregarse al parloteo.

©

Anuncios