Pruebas hay fehacientes de que al leer no recorremos, una a una, las letras con los ojos –y, luego, una a una las palabras. Que en cierto modo leemos con golpes de interpretación globales sobre el texto. Razón por la que desciframos sin estorbo, incluso habiéndose sustituido en las palabras fonemas numerosos –conservando el escrito todavía elementos suficientes del conjunto. Anticipación de un descifrar, que no advierto todavía prejuiciosa. Aunque, también, al leer anticipamos a veces el sentido de lo escrito –hasta que una lectura segunda, y advertidos, nos avisa del error impretendido e infligido por nosotros. Aptitud de no escuchar –como hablando por delante, y sin que importe.

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