Que, quizás, convivir forzadamente con un tonto –es la pena más eterna. Esto me dijo JLG, y por tonto entendía el estúpido inconsciente de su condición tan limitada, el prepotente incluso, el portador de complejo y cegado en su creencia. La pena más eterna –en los dos sentidos que tuviera la palabra: el sinfín subjetivo del tormento, la duración infernal de ese tiempo que donde acaba comienza.

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