Etiquetas

Algunos filósofos, los malos, ocuparon menesteres y esfuerzos en mostrar que los problemas son complejos –y complejo, y oscuro por lo tanto el argumento. Yo no digo que a veces no lo sea. Mas tengo también para mí mismo que en ello algo hay de defensa de la posición, el interés, la profesión de quien así habla. Pero hay veces en que las palabras son tan claras como el agua –directas como escuetas, necesarias. Indispensables y justas. Y entonces la verdad se estrecha, con su luz, con la alegría. En el sentido en que aquel pensador se pronunciara: incremento de sí, en el roce de palabras y de hechos en franqueza y cercanía con las cosas.

©

Anuncios