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Así es el eslogan del partido socialista, en España, para estas elecciones. Y yo, a la vista de este invento –y de otros- me pregunto dónde buscan a veces los partidos las consignas de campaña. En qué doctrinarismos, o trincheras. Porque una mayoría –eso es lo que a un partido le daría el gobierno, o el triunfo. Pero sería de entender que, llegados a ese punto, no se habría de gobernar sólo para esa selección de votantes favorables –minoría si se excluyen los contrarios, los que se abstuvieron, los menores, los ausentes, los que padecen incapacidad o dolencia dirimente. No se advierte, por lo tanto, el sentido de ese halago –que sería adulador e interesado. Como, haciendo otra lectura, no se llega a entender cuál sería la mayoría: pues las mayorías se seleccionan en función de notas que discriminan –los rubios o los morenos, los adinerados o los pobres, los obesos o los flacos. Y qué valor habría en gobernar para aquella facción que más numerosa resultara. Salvo que la mayoría se defina según instante, interés o coyuntura. Entendiendo que se erige en mayoría aquel a quien el gobernante reputa mayoritario. O más simple todavía: a la minoría, inmensa, inservible o enfrentada –que la olviden, que le den, o cuando menos la ignoren.

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