El cura Gutiérrez Padial, poeta recio y hombre entero, en la soledad que sus años avanzaban lo decía: cuando vengo a reparar, veo que los días se me pasan conversando con los muertos. Lo decía desde aquella soledad amontonada de sus años, con la lucidez que sus enfermedades proyectaban en el gesto y el hablar –en sus palabras. Lo escribo cuando hoy, en la cercanía y el paseo de las calles, algunos edificios los he visto revestidos de un amor y de una sombra -prodigando la presencia de quien hubo dentro de ellos su morada. Con su rostro y su voz –reconocibles y ausentes. Singulares.

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