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Ese dejo con el que tantos se ponen instintivos de la parte de quien pierde. Tal hoy sucede en hagiografías televisivas, y fugaces por lo tanto, al hablar de la dimisión que ha presentado Monedero en el partido Podemos. Me recuerda, extrapolado, el privilegio de los muertos –de quienes se habla con elogio, una vez desactivado su poder por el fin de su jornada. Y no veo que haya tal, pues no encuentro nobleza en el hecho de tan sólo retirarse -ni siquiera con renuncia, y no es el caso, a cuanto de daño o confusión se hubiera producido. Como el perdedor no es, por ese hecho tan sólo, mejor que aquel que lo abatió con pareja munición y estrategia asemejable.

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