Etiquetas

,

Se dice que Wittgenstein, filósofo sobre tantas otras cosas, gustaba de preguntarse en los inicios sobre los porqués de las cosas cotidianas. Como arañar en la piel de las creencias que cada día nos sostienen. Y para enseñar, en una primera etapa, que las palabras que inquieren –las preguntas- se mantienen por dentro de la esfera de lo concreto y sus leyes. Ahí, esas verdades de la técnica o la ciencia: aquellas que se demuestran. Más allá, esas otras que se muestran –sobre las que no cabe la respuesta o la pregunta. Lugares de la promesa. Aunque, en la cosa pública, se asiste a una desubicación del discurso del parlamento y del foro –confusión que ni promete ni explica: hipérbole de la promesa en el mitin, fraudulenta explicación en la tribuna. O en medio de la campaña.

©

Anuncios