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El paisaje de Almería, es el sureste español que declina hacia el desierto. Transitándolo, encuentro una vocación que no mira a los predios de Sevilla –que se abre hacia la mar, a la costa transmarina de Marruecos o de Argelia. Una vocación indefinida –lugar amalgamado, en torno a una administración capitalina de centralidad floja y de fuerza de atracción insuficiente. Espacio de comarcas diferentes y distantes, desiguales –donde el viento de una crisis económica que no pasa todavía, ha dejado inermes las comarcas orientales. Sin anclaje consistente, o al socaire de los vientos de su historia.

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