Llegado hasta el umbral de la edad sexagenaria, arribado a esa altura con vistas de horizontes, sentía plenitud la preeminencia de los años transcurridos –el gozo soberano, sosegado, indescriptible con que el tiempo y las fatigas lo premiaban. Como aquel que escalara fatigoso lo escarpado, y siente plenitud en el instante de pisar lo más alto de la cumbre. Y en ello se veía ungido de capacidad en sus afanes –de perspectiva y futuro. No por causa del impulso o del arrojo, mas por esa familiaridad en el trato con los temas que le importan y le ocupan –connaturalidad del vivir y el obrar, o entresijo de sus paulatinos acaeceres.

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