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En el juego de la Bolsa hay profanos, y los hay también ilusos –como los hay sin dudarlo confiados. Así hoy lo comentaba J en ocioso coloquio, y no hace todavía tantas horas. Venía a aseverarlo, por entender que la Bolsa se sustenta sobre un confiar en la estabilidad de ese mercado –como sucede de ordinario en cualquier economía. Pero él, en otra ocasión lo confesaba, halla no sé qué placer indefinido en arriesgar el escaso dinero que le sobra. Porque el riesgo no va más allá del plazo en que recobraría el dinero allí invertido: si es plazo más o menos prolongado, descartando las pérdidas posibles -a precio de atención y de paciencia. Como quien pulsa un botón en lo privado de su propio gabinete, o de su alcoba –sin conocer el mecanismo en su conjunto: contexto operatorio y sus efectos.

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