Seguramente, queda atrás el mundo en el que los especialistas brillaban reputados. Conocedores concienzudos de parcelas limitadas –dedicados, con vocación abnegada y entrega se diría que en algo religiosa. No digo que ese mundo se ausente del todo y para siempre –pero pierde reputación o brillo, o influencia. Seguramente, la vigencia del técnico arrincona a aquellos sabios. Ese manipulador que no ahonda, sino portador de eficacia sin preguntas más allá de lo preciso. Pero aquel mundo mantiene una fascinación para quien mira –el especialista, testimoniando de mundos diminutos conectados e insondables. Un jardín de las delicias, en plenitud del color y del detalle. Como, con pinceles, El Bosco lo pensara.

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