Unos primeros compases de obertura –y la ópera preanuncia la tragedia que vendrá sobre las tablas. Dido y Eneas es la obra, Henry Purcell quien dio la música que rapta y embelesa. De aquí que el espectador aguarde un pulso contenido y vigoroso en la ejecución del instrumento –de cuerda, sobre todo. Y la voz capciosa de las brujas, o el timbre decidido de Eneas –el lamento no trémulo de Dido, la reina de Cartago. Y en la nuez de música y tragedia, el alma metafísica del coro que proclama: las grandes mentes conspiran contra sí mismas, y evitan la cura que más desean. El libreto magistral de Nahum Tate –que la notoriedad de la música eclipsa, indebido y en los tules de la fama.

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