Es maravilla de la guerra que hubo en Troya, la elegancia del tensar el arco heroico. La contenida energía –el brazo sujetando flecha y cuerda, con músculo enervado y relieve de venas que se inflaman. Asemejable tensión a la que en su discóbolo Mirón imprime: el instante de acumulación del impulso o de la fuerza –el momento cinético en pureza. Seguramente, jamás el movimiento ha sido detenido con justeza tan exacta. Salvo algunas instantáneas modernas de olimpiadas –el espíritu heleno perviviendo subrepticio en juegos reinventados y no heroicos, declinados.

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