Pues mire osté, seor Matías: que cosas hay que ver, y que hay gente pa tó. Así decía el tío Blas, mientras se rascaba afanoso -tras la oreja peluda, las estribaciones de la sien. Y luego… pos pasa lo que pasa. Y si no pasa… pos pior. Con ese escándalo que con descaro se atizaba en los paisanos ante cualquier novedad. Recalcitrantes, eso sí: pero con mucho decoro, y con dignidad espontánea en los gestos -muy campestres- y en un ademán con ribete señorial. Y el señorito… pos pa qué le voy a decir a osté. Un churubito, de esos de mondadientes en la boca –desocupao, y paseo por la ciudá. El señorito Manuel: quien aupado en la montura para sí conversaba: la vida de estos campos… gente habrá para todo, como en lugar cualquiera suele suceder. Y, mascando el palillo entre los dientes: esta rudeza campesina del carácter… pues pasa luego lo que luego pasa… Y después, volviendo el rostro mientras hurgaba con el dedo en el entorno de su oreja: y luego… si no pasa lo que pasa… pues… ¿qué nos habrá de importar?

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