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Despejado, apacible y sereno –así, el Campo de Montiel. Dice el diccionario, que tres notas que definen la hermosura. Yo siempre recomiendo al visitante allegarse hasta estos campos –a lo largo de este Blog, lo he ido encareciendo con reitero. Hoy los recuerdo al calor de una evocación: un DVD que visiono y que escucho con deleite. Recopilatorio de la edición de 2014, del ciclo internacional de conciertos que ofrece el órgano histórico de Torre de Juan Abad. En la pantalla, el verde de los campos contra lo rojizo de la tierra y el azul tersísimo del cielo. Al oído –una música que parece venida de los siglos y lo alto. Por quien la hubo concebido, y las manos que gobiernan. Por el instrumento mismo. El lector podrá consultar en este enlace. Seguro estoy de que esa música, llegando a los oídos y siendo degustada –atraería a muchos a esos ciclos de conciertos, al lugar en que nace y donde irradia esa belleza. Hermosa también la generosidad de las gentes –el cuidado de ese patrimonio de la música de todos, su gestión y su oferta a quien llegare. Como don de la amistad, y a manos llenas.

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