Con ese dejo enfático que consiste en apostillar el nombre con la aposición del apellido –Hilarión, el Miralles. Que así lo conocí, y así lo conocía todo el mundo. Un hombre de la izquierda antigua y española –consigna, la honradez y la almendra de las cosas. Era hombre sin estudios, que reverenciaba grandemente cualquier asunto con aroma de cultura y forma escrita –esas cosas que hay que hacer por entenderlas, porque son las que mueven a la gente y a su mundo. Después, el Miralles desbordaba un vivir sin administración ni cálculo -que se derramaba sin servir en todo trance a su provecho. Portador que se veía de una causa –absoluto eclipsando lo que en su entorno más cercano aconteciera, y su relevancia estupefacta e ignorada.

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