El siglo de oro español conoció un diccionario de rimas –el Rengifo. Obra de jesuita que preconizaba un cultismo en las rimas, en el metro y el concepto. Un diccionario que, por lo demás, hizo las veces de arma que arrojar contra el gongorismo y sus adeptos. Como tachándolo de cosa sin fuste, sin realidad propia y consigo, como algo postizo y contrahecho. Es lo que tienen los vademécum que pretenden, no suplir sino impostar el verdadero ingenio. Como hoy, o peor -cuando torpes de razones y palabra propalan discursos que abrevan en su propio argumentario solamente: palabras de mitin o de plasma, que riman en el hueco de sí mismas, y que el tedio circundante desatiende para sí o ante los otros ningunea.

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