En los escarceos que últimamente vengo practicando en el Blog del Real Instituto Elcano, he hallado un artículo periodístico que en el año 1999 publicó en el diario El País el actual director de ese Instituto –Charles Powell. Es de suponer que algún interés actual le concede el autor, toda vez que lo publica en internet con fecha de 2014. El artículo versa sobre el entonces futuro reinado de Felipe VI, así como de la España y la Europa que le aguardan. Y así, en el inicio: no resulta fácil especular sobre la evolución futura de una monarquía parlamentaria como la española en una Europa finisecular en plena transformación. ¿Cómo será la Unión Europea –ese ‘objeto político no identificado’, en frase feliz del profesor Quermonne- en el año 2030? ¿Qué tipo de relación existirá entre los actuales Estados miembros y Bruselas? ¿Qué quedará para entonces de las soberanías nacionales de dichos Estados? ¿Y cómo será para esas fechas el Estado de las Autonomías español? No es este el lugar ni el momento para dar una respuesta a esos interrogantes. Al igual que otros Estados europeos, el español está inmerso en un proceso de cesión de soberanía, tanto hacia el ámbito supranacional comunitario como hacia el ámbito autonómico subnacional, de alcance difícil de precisar. Pero, por importantes que sean los cambios que se produzcan como resultado de ambos fenómenos, parece prematuro decretar la defunción del Estado europeo contemporáneo, y con ella la de su jefatura, sea ésta de carácter electivo o hereditario.

No se puede decir menos con más. No obstante sí cabe constatar que en los casi dieciséis años transcurridos desde entonces, la sangre no ha llegado al río ni en España ni en Europa –desde el punto de vista institucional y salvo la actual efervescencia nacionalista, a punto de ebullición desde instituciones del Estado. Otros quince años restan hasta la fecha en que el autor puso el límite de aquello que ignoraba –con lo que llevamos rebasada la mitad del plazo establecido. El resto del artículo, una postulación del carácter versátil y social de la monarquía española siglo XX –por su falta de tradición donde arraigara, y el carácter bonancible del monarca a día de hoy abdicado o dimitido. Otro asunto es el proceso de transferencia de soberanía, al que el autor se refiere. Porque la soberanía se transfiere parcialmente hacia Europa –mediante leyes y actos soberanos sometidos a una reciprocidad, un control y una exigencia. Lo del Estado autonómico ya es cosa diferente: concebido inicialmente como sistema en que se organiza y distribuye un único poder -el soberano. Encuentro relevante que, en el año 99, ya un autor afirmara expresamente que en ese nivel subnacional hay transferencia de soberanía –una práctica de hecho, por la puerta de atrás de los textos en los que el Estado se funda y constituye, se articula y organiza.

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