Pues hoy se ha visto en la pantalla, que un adolescente millonario ha dado a un contrincante una patada gratuita, intencionada, peligrosa, en medio de un partido. Y parece que los propios reglamentos deportivos previenen sanciones al respecto en el ámbito de la competición y la organización de los eventos. Aunque no sé por qué ese comportamiento deliberado y a vistas –sin relación alguna con lance futbolístico- no haya de ser objeto de reproche penal fuera del ámbito de las normas que rigen los estadios. Imagino también si en contexto diferente el fautor hubiera actuado con igual suficiencia y desconsidero ante situación que le desagradara en proporción parecida –si bien fuera el motivo diferente. En la discoteca, en la acera, en una discusión de tráfico –por decir casos posibles. No sé, además, qué degeneración del juicio y la justicia ha llevado a aceptar que un tweet de Ronaldo disculpándose fuera expiación suficiente, y pública demostración de una nobleza. Al poco, escucho ponderado y prudente a Banderas –el actor- diciendo que el éxito desmesurado con juventud desmedida pone en riesgo el beneficio que se alcanza, e incluso al joven mismo que lo disfruta excedido.

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