Departí durante horas con sargento de un parque comarcal del cuerpo de bomberos. Ese cuerpo… que en España es respetable y admirado en los varios sentidos que la palabra tiene –también para las hembras. Este sargento era hombre rechoncho, piel curtida y oscura de los soles. Un aspecto que pudiera ser de agricultor, de albañil, de maestroescuela –que por acá todavía algunos viejos dicen. Departí durante horas con su trato bonachón, campechano y confianzudo. Escalé la cabina de camiones con cisterna, manipulé extintores y apagué fuegos controlados. Vi dispositivos de manguera enrollada en vitrinas de paredes –romper en el caso de ocasionarse un incendio. Explicó, para remate o colofón de sus palabras, que ordinariamente un fuego se apaga retirando el combustible que se hallara entre el fuego que prendiera y el lugar donde nosotros nos hallamos. Lección de prudencia –universal, para todo. Y palabra de bombero.

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