Hemos visto en España atentados crueles y sangrantes –la comparación siempre odiosa- como el que hoy ha sido perpetrado en la vecina Francia. No es cierto que, ante ellos, el apoyo haya sido siempre tan rotundo o tan unánime. Pero no es cuestión de traerlo –los muertos son los muertos, y los vivos merecen también el mejor de los respetos. Aunque cabe preguntar por la resonancia de lo hoy acontecido –la amenaza esencial a todo el Occidente, la realidad difusa y cada vez más próxima. Como amenaza que es, con alcance de origen más global que la padecida por decenios en España. Y en ello, un error y una callada ignominia. Pues el terrorismo es terror donde acaezca -amenaza global, si se mira honradamente-, y por motivo cualquiera.

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