No es novedad ver a los periodistas comportarse como transmisores meros de consignas. No hablo del periodismo en general, y en España –lo que sería otro asunto, y discurso quizás no tan distinto. Aunque ese periodismo inteligente que analiza los trasfondos, que lee el devenir y enriquece con finura los debates… a veces se encuentra en algún modo –por qué no hay que decirlo. Y en esto el noticiario o la tertulia en la pantalla ceden, en rigor y con clamor, ante la prensa escrita. Un prestigio y autoridad tendría que conservar lo que no se improvisa en el plató y ante los focos, mas se plasma reflexivo en el blanco de la página. Hoy, una tertulia de palmeros de un bando y de otro –periodistas se dicen, no obstante- acerca de si la crisis terminó en nuestra España, o si sigue todavía. Afán, no de otra cosa que de posicionarse a favor o en contra del gobierno. Quien no va tan allá, esta Navidad ha visto más llenos los bares y las tiendas –y un tono de tristeza menor en los lugares urbanos en los que la gente se expansiona o se divierte. Ello no muestra, sin embargo, la otra realidad –esa parte relegada, cada vez en mayor desigualdad y distancia con la que mantiene pese a todo su trabajo –dignidad de ejercerlo en ocasiones, y el salario.

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