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Algunos libros de la teología barroca afirmaban la existencia del diablo, mediante argumento ad hominem en forma de amenaza: la treta más sutil de Satanás para perdernos, es hacernos creer que no existe. Me recordó siempre este aserto la paradoja del mentiroso, de Eubúlides de Mileto: un hombre afirma que está mintiendo: lo que dice ¿es verdadero, o falso? Sólo que, a favor del diablo juega la convicción de que la existencia no es un valor de verdad –bajo pretexto alguno, en ningún modo.

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