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René Girard, pensador francés organizado y solvente, escribiendo sobre el lugar donde lo sagrado se origina en la comunidad de los hombres: la institución del chivo expiatorio –ese inocente, ritualmente culpable. Que recibe una violencia que no le pertenece –y genera quietud entre aquellos que por él se reconcilian, por su destierro y su muerte. Pienso, entonces, que esa institución opera igualmente cuando quien condena es un alguien –en guerra interior consigo mismo. Pero entonces la expiación nunca llega a consumarse, por encarnizada violencia que ese alguien ejerza o proyectara. De aquí, pienso también, su condenación eterna –con una fijación incesante y que retorna, sin salida y neurasténica.

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