Quién no ha visto de cerca un nuevo rico. O muchos, o una sociedad entera que vive ese espejismo. No hace tanto, ha sucedido en Europa –el mediterráneo sobre todo. Ese tiempo de mansiones de mal gusto y pretenciosas, de mirar con desprecio hacia otras gentes, el tiempo –sobre todo- de un concepto de sí hipertrofiado, de seguridad indubitable y despejado futuro. Después vino otra cosa, lo contrario: como una realidad que –ignorada- preparase su venganza. Y así asistimos a una postración de multitudes, sin transformación de mentalidad ni de conciencia. Un acaecer que ni siquiera es lección, ni tampoco humildad, ni menos todavía -una saludable cura.

©

Anuncios