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Los problemas que la psicología resuelve, o por lo menos trata, no son los de verdad –los de la vida. La religión, el pensamiento, plantan cara a los problemas en que consiste el vivirnos –mirando sin temor ni confianza a lo que abruma, a lo que somos. No hablo de la muerte solamente: ese señuelo con el que el existencialismo quiso distraernos atrayendo la mirada hacia los bordes del tablero. Los psicólogos, en tanto, alivian el vivir consigo mismo –lo hacen confortable en algún grado, tal vez menos inhóspito o más sensatamente llevadero.

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