Jesucristo en el evangelio: que hay más alegría en dar que en recibir. Una sentencia no frecuente en el entorno que una sociedad dibuja –frente a otras que se traen comúnmente al hablar de religión, o de ordinario. Y ante esta sentencia de Cristo he encontrado, y encuentro todavía, modos y discursos que acallan lo sagrado que por en medio se esconde en sus palabras. Haciendo una lectura teológica, por poner un ejemplo: si es un logion originario del Cristo, o si es material redaccional del autor del evangelio. O bien una comprensión social o psicológica: la alegría de quien hace el don –y recibe un asentimiento tácito a su valía; una aprobación de nobleza, posición o generosidad. Sin embargo, el amigo JLM me enseñaba que el evangelio porta palabras reveladas –no por lo que dice, mas por su desusada autoridad. Y yo digo que esas palabras iniciales serían sólo saberes si una autoridad no las fundara –más allá de la alegría que el filósofo Spinosa describió como experiencia de incrementarse el ser propio. Hasta el lugar donde el don consistiera, no éticamente y de modo no mediado, en un hallazgo de sí.

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