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El carácter político se ejerce –mientras las fuerzas duran en la vida de quien tuvo su vigor, y albergó una lucidez o una consciencia. Es necesidad e imperativo –sin defección de afirmarse en lo que uno mismo es, en lo que ha sido. Mientras duran las fuerzas, por supuesto –las del cuerpo, inexcusables y premisa de esas otras que tensan las palabras en el foro. No se debe reñir ese vigor con el sosiego del sabio –otra cosa es el anciano que aporta una experiencia contrastada, una ponderación al amor y el retiro de la lumbre en su cabaña. No hallo virtud, por lo tanto, en ceder prematuros el campo de la lid a generaciones nuevas –en ellas como en todo se descubren compañeros, y también aduladores o taimados, y discrepantes leales. Como tampoco es razón confiar en que por sí la brújula sosegará su oscilación eventual o su desnorte –la realidad se impondrá, y cuando no… tanto no importa. Y si no el carácter público, cuando menos la palabra deberá cruzar su acero –por sí, por los demás, por lo que importa. Y también, y por qué no, por lo único importante.

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