Hay opiniones que algunos sostienen con la convicción de quien defiende cosa propia –como algo original o nunca visto. Lo peor es que, doblada la esquina o en el barrio más cercano, se escucha a otro sostener idéntica opinión con asertividad asemejable. Propio de las opiniones comunes y extendidas por el vulgo. Y el medio por el que corren y se extienden es tan conductor y etéreo –tan universal, incluso- que como con velocidad de la luz se propaga la mancha de su aceite. El asunto, en medio de la prolijidad que he dicho, es cómo un pensamiento podría destacar con autoridad y voz propia entre los otros –sin confundirse en la vocinglería universal o el parloteo. No digo repetir lo que todos –con prestigio prestado por el fútbol, el cante, la fama o la política. Y entonces, así Vargas Llosa por ejemplo, lo hallo en un argumentar con razonamiento meridiano –articulado y sabio, con nítida sintaxis, no simple ni complejo.

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