No hace tanto, se asistió al nacimiento de una disciplina en facultades de teología, de humanidades, de medicina –en universidades de patronazgo católico, sobre todo. Bioética –se dijo. Como una reflexión moral sobre la vida, en su bios –en su determinación de corporalidad y biología. Y así vi nacer cuerpos profesorales de fe enjuta, entre ellos también clérigos docentes, apuntándose al saber que de tal modo tomaba auge o nacía. Asuntos comunes, por ejemplo, la eutanasia o el aborto. Nunca escuché que de ella se esperara conclusión que no fuera de antes conocida o presupuesta –siendo un saber que se afana, sobre todo y sin embargo, en la busca de premisas oportunas.

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