El perfeccionismo en los asuntos puede ser debido a manía –todavía no locura- o a exigencia de sí mismo en el trabajo. En cualquiera de los casos, se preanuncia un resultado: la extrañeza en el entorno, el aislamiento –vaya o no acompañado de admiración distante o de rechazo. U otro resultado: el rendimiento no masivo, sino escaso en cantidad de resultados. Sin duda porque el mundo, también el laboral o productivo, se asienta en la tácita aceptación del error, la imperfección, o también y en ocasiones -por qué no- de la chapuza.

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