Con elegancia Armani, jóvenes astros del fútbol en la gala de los premios. Pajarita los unos, los otros cuello abierto –blanquísima camisa replanchada recrujiendo de azulete. Duchados, lo parece, para la ocasión y también el galaneo. Sonrisas abiertas, con peinados y barbas de desaliño altivo y estudiado. Los ojos –nunca mienten. Los ojos de los astros –destellantes, con una ignorancia gloriosa ajena a menesterosidad alguna de conocimiento o de cultivo. Los ojos que los miran –simplicidad un tanto: admiración los unos por su habilidad en juego, los otros –los menos, decirlo es necesario- desdeñosos de su gloria por falta de aprecio al logro deportivo, o quizás resentimiento por su mucha juventud y su insultante triunfo.

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