El Eunuco –sobre el bastidor de la comedia de Terencio, una versión dirigida por el murciano Pep Antón Gómez. El folleto de mano, a la entrada del teatro, contiene un bocadillo fuera de lo común –suelto al redactar, no descriptivo, unas reflexiones circunstanciadas sobre el origen de la versión que se presenta, una valoración conjuntamente. El clásico presta el esquema del enredo –la fulana y sus dos amantes concurrentes, el encuentro amoroso del eunuco fingido y de la esclava, la revelación paulatina de la homosexualidad. Con su gracia, su gracejo, sus encuentros –desencuentros, nudos, desenlaces parciales en el seno de la trama. Todo bien concebido, construido y puesto sobre la escena –el aplauso general del respetable, inseparable de tramoya, de luz y vestuario. Inseparable también, y sobre todo, de la ejecución generalmente brillante de una pléyade de actores –entre ellos, Pepón Nieto que brilla incluso a la par de Anabel Alonso pisando con seguridad sobre las tablas. Una versión sobre Terencio, el Africano –sobre sus versionadores también con el paso de los siglos. Con una visión magistral y renovada sobre aquella tradición –sin la que, como bien se sabe, todo es plagio.

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