AM –ingeniero de aguas, malagueño y (qué carajo…) buen hombre. Católico que se decía con aires de la izquierda –para un observador ajeno, de la UCD como mucho. Visitaba cada mes –hace decenios- la ciudad de Granada, por trabajo. Y allí, saliendo a tomar unos vinos por la noche de estudiantes, pensaba recobrar retazos de una juventud que sentía no haber gozado en grado suficiente. Hombre ponderado, afable y muy asentado en opiniones y sentencias –en el ámbito de su trabajo: los ayuntamientos son órganos gestores…, afirmaba y proseguía: debieran constar de un alcalde tan sólo y comisiones de técnicos… lejos de la extensión logrera del poder de los partidos. Y aquellas palabras, transición política española por en medio, hoy las recuerdo en el ojo de desmanes tan frecuentes. Como recuerdo entre mis lecturas de estudiante las páginas de aquel Marx sobre la centralidad fragmentada de burgos y ciudades en el origen de España –y pasadas las centurias una centralización moderna, el Estado, que hoy pervive con reductos de poder en retroceso. La relevancia de burgos, villas y condados rediviva en comunidades concebidas como autónomas en pro de intereses y feudos de los partidos, en detrimento tantas veces de la organicidad y coherencia que es inherente al Estado.

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