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Díganme si hay alguien en su entorno que, de veras, entienda del juego de la Bolsa. Que así le llaman –juego, aunque alguien se haya dejado el rédito del trabajo de sus años productivos. Díganme si conocen alguien que de veras entienda de ese juego. Porque yo, en mi entorno, no lo hallo. Eso sí –profecías y divulgación en páginas sepia del periódico. Cada vez con variables más remotas –para aclarar, sin explicación plausible, la coyuntura sobre todo en el páramo de después de la tormenta. Profecías y páginas, mayormente post eventu. También quien advierte en su día, ya lo dije… –pero sin que ese decir llegara, o fuera práctico, a los currantes menudos. No digo ya a los que invierten, mas aquellos que –sin haber invertido, y tras pugna entre colosos- sufren zozobra ante azares que parecen del destino, o daños colaterales.

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