El amigo G me dice que su mujer le afea, por su bien, el ser algo mitómano. Tomar a fe lo que se dice de algunos, personas de renombre en el mundo cultureta –por ejemplo. Creer que el personaje se ajusta al modelo comprometido y perfecto, según de él se aguardara. Y G lo relata con esa condescendencia hacia sí mismo –tan apropiada a quienes se conocen de propio, y consienten en ser ellos mismamente y sin reparo. Pienso que, en él, es fe en medio del general descreimiento. No tanto en el alguien que asumiera al personaje, como en el modelo en sí mismo –vacío meramente, y sin precisar que alguien lo habite o que lo encarne.

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