Etiquetas

Hoy he conocido –porque ella lo ha contado– que la alcaldesa de Madrid empezó a trabajar a los veintidós años –que tuvo a sus hijos mientras, y que fue capaz de hacer compatible la vida familiar y laboral en una época en la que además no se compartían las tareas domésticas en casa. Interesante. Venía ello por la controversia suscitada por edil de su grupo político que cesó en cargo determinado a funcionaria –que, recién, había parido. Y, luego, la alcaldesa ha remachado su discurso: sé muy bien lo que es conciliar la vida familiar y laboral, y muchas veces con mayor rendimiento incluso que el hombre que no tenía que hacerlo. Si se trata de comunicar una coyuntura personal, nada objeto –lo hagan, si lo quieren, los hombres que con ella por entonces trabajaran –o su esposo, si entiende que lo alcanza el argumento. Pero si se trata de una categoría hermenéutica, también la alcaldesa debiera admitir que en colectividad tan grande pudiera haber hombres que trabajasen con mayor rendimiento incluso que tan meritorias y fértiles mujeres. Pues lo contrario, no sería verdad y sí frentismo. Como lo es la corrección política de reputar tal blasón el feminismo y considerar vituperio su correlato, el machismo justamente denostado. Algún día, la inteligencia defenderá el derecho de cualquiera –por ser derecho suyo, y sin pretender fundarlo en desmerecimiento ajeno. Aunque quizás la alcaldesa haya querido curarse en su salud, anudarse la venda antes que la herida le llegara, o poner un cortafuego –ante el hodierno y crecido discurso de corrección feminista.

©

Anuncios