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Christian Brembeck y el órgano Merklin de la catedral de Murcia, han sonado de consuno –la mano del maestro, gobernando el instrumento dominador y soberbio. Se ha tratado de un concierto que organiza la Asociación Pro Música, juntamente con el cabildo catedralicio. Es preciso decir que los compositores convocados esta noche han sido –en medida alguna, o en época cuando menos- coetáneos del instrumento. Con Bach, a caballo en los siglos que despiden a los órganos barrocos y reciben a los románticos y sinfónicos. Bach ha sido plato fuerte –como también Liszt lo ha sido, en unas variaciones sobre obra del maestro. Tal vez, por mi gusto –y creo que en el de otros- el repertorio ha sido monocromático en exceso, con el precio que ello exige en la persistente atención del respetable. Divertida, una gavota bachiana. Curioso, el coro de voces humanas de Lefébure-Wely –siglo XIX: una música que no me ha consonado europea, por rotundidad ni empuje –francesa, ni otro tanto. Más cercana a las melodías americanas del primer cuarto de siglo. Saint-Saëns, maravilloso. César Franck, un buen final de concierto. El público, a la postre, en una parte cansado. La propina -no ha llegado a media entrada.

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