Jordi Galcerán ha escrito el guión de esta obra teatral –que mucho promete en un diálogo inicial y prolongado. Ese diálogo entre director de sucursal bancaria y un insolvente solicitador de crédito. Toda la ejecución –el intercambio de palabras que la hilvana- a cargo de Carlos Hipólito y de Luis Merlo. Una conversación, en los inicios, llena de nervio y de oxímoron conceptual –aunando lo popular y lo culto. Personajes encarnando dos lógicas que hablan –desde su supuesto, cada una- sin entenderse nunca: así queda trazado un prometedor espacio para la comicidad, el drama y el enredo. Sin embargo, el autor pierde pulso a partir de la segunda escena –sin tensión lógica en los diálogos ulteriores, ni en la acción un interés decidido. Con golpes cómicos de ocasión y pretendidos. Como cayendo en el seguidismo de un enredo facilón y que no atrapa. Carlos Hipólito salva, con mucho, la escena –en lugares que por sí no alcanzarían a traer atención, ni a destacar tampoco. El público, hoy –con ganas de reír, fácil a veces. Sin embargo, no entregado.

©

Anuncios