Donde importa –o te importa- nunca la verdad es categórica. Siempre entremezclada de negociación con el afecto, con la realidad contradictoria y cambiante –encastrada en la precisión de vivir y de estar juntos. Y así, es una máxima moldear el pensamiento y las acciones –de manera versátil y sin dogma, en el acogimiento que habita el entresijo y el amor de lo finito.

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