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En órgano barroco, han sonado piezas francesas entre otras. Dos de ellas concebidas para órgano romántico. Las compuestas por Alex Guilmant (1837-1911) y Louis Jacob (1841-1906). Han sonado regular –no avenidas del todo al instrumento. Me han traído a la memoria un concierto hace unos años en el órgano ibérico de la iglesia de Briones, en La Rioja. Fue organista un profesor del Real Conservatorio de Música de Madrid –después de finalizar, y a modo didáctico, interpretó unos sones del Aleluya de Haendel. No sonaban. Lo digo porque, en esta ocasión, tras las piezas francesas que he dicho, el órgano ha recobrado su lugar y su sonido con un brillante ofertorio de Beauvarlet Charpentier (1730-1794) –más acorde con la época. Aunque, para hallar su lugar el instrumento, el restallante tiento y discurso de 2º tono del sevillano Correa de Arauxo –que ha resonado en todo el espacio del templo, en su esplendor barroco. El organista –más que bueno- Francisco Javier Santos Merino. En el órgano español de Torre de Juan Abad –sin dudarlo, y por supuesto.

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