Que hay desafección por la política en España –es posible. Una muestra: que no es, ya y por hoy, una conversación de uso. Tiempos en que se escuchaba en la mesa de al lado, en las terrazas, el eco de las consignas que calaban poco a poco –su rebervero social sin aporte adicional de inteligencia. Replicándose tal aplauso que propicia una identificación –parcial, al menos- con lo establecido o el sistema. Tampoco, me parece, la censura social expresa y razonada sobre la situación que acontece –los hechos que la muestran. Como si se hubiera adueñado del cuerpo entero una catalepsia, o rasgo nudo de impotencia –apartando a un lado y de la vista lo que daña grandemente, lo que causa un escándalo infinito, sin estar al alcance del remedio practicable.

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