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Cuando España inventó las actuales Comunidades Autónomas –hace unos tres decenios, más o menos- la provincia de Albacete decidió separarse, no sé si para siempre, de la vecina de Murcia. No fue cosa sólo administrativa. Se rompió el viejo reino del sureste –para ir ella a parar con parte de Castilla troceada, además de con La Mancha -región adorable por motivos pero ajena. No sé con qué fortuna se consumó ese divorcio –me dicen que en su momento el poderoso ayuntamiento de Hellín se opuso casi unánime, y que aún queda. Pero si aquí lo traigo, es por cosa gastronómica. Y es que por las zonas del reino antiguo han proliferado carteles en casas de comidas donde se dice “platos típicos manchegos”. Advenediza esa cocina en esos lares, y de receta aprendida. En Liétor, ciudad de sierra y de orden militar antigua –hoy, turismo rural y generalmente joven-, la Posada de Maruja me sorprendió con algunos platos propios –heredados de la abuela de la abuela. Por ejemplo, traigo el que la posadera llamara olla de aldea. Un guiso de cuchara, con hoja de cardo, bajoca, alubia blanca, patatas, morcilla y hueso de espinazo. Tan próximo a la murciana olla fresca, pero más ligera y con un caldo abundante -lavado con prudencia de la grasa. El atascaburras también se aleja del grosor y la textura del manchego, para nadar en ligereza del aceite indispensable –en su soltura. De postre, literalmente y con deleite, miel sobre hojuelas. A recomendar a ustedes –a la amable posadera, se lo dije. Teléfono 967 20 00 39. También, me dice, disponen de habitaciones –como corresponde a posada antigua, solar y verdadera.

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