Qué fácil despreciar, cuando un hombre en la sazón enjuicia sobre otros y sí mismo, pagado con el sentir suficiente que le otorga su ignorancia –tozudo, porque enrocado en sí mismo e indiferente al respeto de los otros. Qué difícil comprender –con el manto absolutorio que un alma generosa dispensara. Difícil comprender, y despreciar tan fácil… como un mal que se difunde en esporas de exasperación y daño ajeno –sin diálogo posible ni palabras: en los en medios del peor de los silencios.

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