Etiquetas

,

El comportamiento de personas con respecto de personas, tiene a veces dejos instintivos que pasan inadvertidos. Por supuesto, esos tics o reacciones casi al nivel de lo vegetativo –al cruzar la mirada con persona detestada, indeseable o incómoda. Por ejemplo, como siempre. Pero también en comportamientos prolongados y conscientes –sometidos no a una reflexión estricta, pero sí a un proceso de legitimación discursiva, aunque fuera ésta fundada en la falacia. Se trata con frecuencia de actitudes sometidas a un interés pulsional de fundamentación o afirmación de sí mismos –interés nacido de los miedos, los complejos, la precisión de una seguridad en materia que el mismo inseguro desconoce. Y también, la soberbia y egoísmo –que se muestran casi siempre enmascarados de superioridad real, y razón poseída e infalible. En estos casos, el dicho del filósofo: en cosas que atañen a los hombres, no reír, no llorar, no lamentarse… sino comprender. Comprender, como siempre, en los trasfondos. No por aligerar la culpa de actitud y procederes. Mas por tomarlos del todo -sin concesiones, y en serio.

©

Anuncios