Etiquetas

En Orihuela, el río Segura se estrecha en un embudo que lame los contornos de la ciudad antigua. Entre otros motivos de quejas o litigios antañones con la ciudad próxima de Murcia, la monda del río –no siempre lo cuidadosa y frecuente que debiera. Causa de que las riadas arrastraran copia de cañas e inmundicia que hacían rebosar el menguado cauce de la ciudad, vega abajo, e inundaban calles céntricas –portal de la catedral, incluso. Con la prosperidad que imperó en tiempos recientes, hoy perdida, Orihuela encauzó el río con obra de ingenieros discreta y portentosa -con pulcritud y altura suficiente, y sin que nada ofreciera a la corriente estorbo ni impedimento. Sin embargo y a resultas, se eclipsó la estampa recóndita y huertana del que se me antojó -joven, yo- embarcadero del palacio del obispo –en la parte posterior del edificio, donde el río deslizaba quedamente en la piedra su agua mansa o aquietada -y sus ovas.

©

Anuncios