Etiquetas

,

No se me pregunte el lugar exacto donde Ramón Gaya lo escribiera, pero leí que –dejando cada ciudad en su experiencia un rasgo sensitivo- a Murcia no podía corresponder sino el polvo finísimo flotando en su aire traspasado de luz meridional –o del sudeste. Sus palabras, sus trazos en el lienzo no han podido evocar sino aquella Murcia de calles sin asfalto, de casas con terrados y fachadas que clavetean desconchones en la cal envejecida. Un polvo finísimo, que envuelve y casi adorna los colores pastel de este paisaje. Una Murcia ya ida, que no existe si no es entre pinceles y recuerdos –nada asemejable al polvo que levantan las ventiscas en los áridos desiertos más al sur, hacia Almería.

©

Anuncios